Hace unos días publicábamos un comentario en el blog donde aludíamos a la falta de eleganciade una compañía del sector que utilizaba el reclamo de una jovencita ligera de ropa para anunciar una aplicación de TPV especializada en el segmento de hostelería y comercio (¿?). Volvemos a sacar este asunto a colación para denunciar una vez más no sólo el dudoso buen gusto de los directivos de la empresa en cuestión, sino también el uso ilícito y discriminatorio del cuerpo de la mujer como reclamo publicitario en campañas que vulneran los derechos y libertades fundamentales.
Lo más grave del asunto es que ésta no será ni la primera ni la última vez que aparezcan este tipo de anuncios en revistas del sector de tecnologías de la información, donde resulta más que dudoso que la adquisición de routers, TPV, herramientas de virtualización de servidores o aplicaciones de monitorización de red –por decir algo- permita alcanzar niveles de satisfacción inconfensables y vivir tórridos sueños eróticos a los usuarios de dichas tecnologías.
Sin embargo, empresas de todo pelaje y condición continúan incluyendo dichas imágenes en sus reclamos publicitarios. ¿No será por qué en el fondo y en la forma dichos anuncios les funcionan? Y, más grave aún, ¿no será que en este sector continúan funcionando los clichés de antaño debido al abrumador dominio de usuarios/clientes/directivos de sexo masculino?
Afortunadamente, también tenemos ejemplos contrarios que animan a creer en un posible cambio de tendencia. Es el caso de los anuncios de Infortisa que utiliza la imagen de la sus empleadas para hablar de conciliación familiar y laboral para referirse a la flexibilidad de sus horarios. Aunque es obvio que la empresa persigue lo mismo que las anteriores, esta publicidad emocional consigue vender algo más: confianza y respeto, además de sus productos. Además, Infortisa ha obtenido el premio Femeval a la empresa integradora de género, todo un ejemplo. ¿No va siendo hora ya de que los arcaicos y tradicionales reclamos comerciales de este sector den paso a mensajes más modernos y acordes con la pluralidad del mercado? Animo a todos nuestros lectores a que den su opinión con un comentario en el blog o a través de la encuesta que incluiremos en nuestra página web.
La noticia del mes ha sido la puesta en marcha en España del programa de canal de Dell. El fabricante se ha apresurado a aclarar que Partner Direct (así se llama la iniciativa) no supone un cambio radical en su estudiado modelo de negocio. Dell seguirá vendiendo de forma directa la mayor parte de los PC, servidores y sistemas de almacenamiento que tiene en catálogo. La compañía no quiere un esquema de canal al uso, pues, entre otras cosas, no contará con mayoristas, evitará la acumulación de stocks en el reseller y no dará rebates por volumen. En su lugar, quiere que los socios (ISV o compañías de servicios) aprovechen las ventajas de su cadena de suministro: stock cero, posibilidades de personalización hasta el límite y sofisticada herramienta de comercio electrónico. No obstante, a pesar de que los responsables de Dell le quiten importancia, el giro de cintura que supone Partner Direct significa la compañía reconoce que su modelo estaba agotado y que para mantener el ritmo de los competidores había que jugar con sus armas.
Aunque se trata de una estrategia a muy largo plazo y que se irá poniendo en escena con mucha cautela (en Dell hablan de que el programa necesitará una década para madurar), el simple anuncio de la noticia ya ha empezado a tener impacto en la red de ventas española. Queda por ver la reacción de la competencia en los próximos meses y años y el comportamiento de la distribución corporativa, pero la noticia es buena. Dell trae un soplo de aire fresco a un canal que en los últimos tiempos se había quedado sin alternativas y que ya mostraba hartazgo ante las políticas cambiantes y muchas veces poco comprometidas de otros vendors. Es de esperar que las formas de trabajar que anuncian Gabriel Cerrada y Ángel Herrero, los responsables de la iniciativa a escala local, su apuesta por Internet y por la transparencia en los procesos, ayuden a cambiar hábitos.
En pleno momento de incertidumbre económica mundial no es de extrañar que el gasto en productos básicos se haya desacelerado. Según la consultora Nielsen, que analiza la evolución del consumo en España en 2007, las ventas de productos de primer uso como los alimentos frescos y envasados, productos de perfumería y limpieza o las bebidas alcohólicas, han registrado el menor crecimiento en 7 años. Algo previsible como decimos, ante la abusiva subida de precios que esta clase de productos experimentaron a lo largo del año pasado. No obstante, lo que no es tan común, es observar que, si bien la subida de la hipoteca ha hecho que los españoles se lo piensen dos veces antes de excederse en su cesta de la compra, los mismos españoles no reparan tanto en gastos cuando se trata de adquirir un televisor o una consola. Según dicho estudio en 2007 crecieron un 85,2 % la ventas de televisores de plasma y LCD y 60% más de consolas. ¿Quiere decir esto que, lo que los españoles se gastan de más en electrodomésticos es lo que se consiguen ahorrar en comida? No exactamente. Más bien quiere decir que a la hora de ajustarse el cinturón hay cosas que cuesta más sacrificar que otras. Si no, fíjense en el dato de que las familias que se declararon en quiebra en 2007 subieron nada menos que un 81%. Por eso, si alguien en esta industria estaba preocupado por la crisis económica, que respire aliviado porque ante la última tecnología no hay bolsillo que se resista.
Hace poco el máximo responsable de marketing de un reconocido proveedor multinacional comentaba que el aumento en las cifras del paro afectaba sobre todo al colectivo de inmigrantes con fuerte presencia en el sector de la construcción y empleo doméstico que tienen una reducida capacidad adquisitiva. Su argumento era que el impacto de la crisis no sería tal puesto que estos trabajadores casi no tenían presencia como potenciales consumidores de sistemas y servicios de tecnologías de la información. Craso error. Como se encargan de confirmar varias encuestas de hábitos de consumo, los extranjeros comienzan a ganar presencia como consumidores de informática y, no sólo eso, sino que son los más activos en la adquisición de los últimos gadgets y artilugios que salen al mercado y que no son precisamente los más baratos.
Algunos fabricantes más aviesos que el anterior –y así se ve en las cifras de resultados- ya han puesto su maquinaria a punto para captar el interés de estos nuevos consumidores que ya son casi 4 millones de personas y representan el 10% del total de la población española. Es el caso de Toshiba, que en boca de su director de marketing, Pablo Romero, anunciaba una iniciativa para reclutar nuevos usuarios entre estos ciudadanos cuyo poder de compra aumentará cerca de un 150% los próximos años.
Prueba de la importancia que empieza a ganar este colectivo son las iniciativas desarrolladas por entidades bancarias para ofrecer créditos blandos que posibiliten adquirir los equipos en mejores condiciones. También las operadoras de telefonía móvil han visto la oportunidad de ampliar sus cuotas de penetración entre las comunidades de extranjeros que viven en España y que les pueden permitir fidelizar a nuevos abonados al otro lado del Atlántico.
Otro mercado con gran capacidad de expansión es el mercado de estudiantes y docentes, una población de 7 millones de alumnos/as y en torno a 700.000 profesores, que todavía no conocen las ventajas de la informática y entre los que también se incluye un gran porcentaje de jóvenes que son hijos de la primera generación de inmigrantes en España. ¿Alguien duda del enorme potencial de este colectivo? Parece que sí, lo más triste es que entre ellos esté el secretario ejecutivo de Economía y Empleo del PP –y que se postula para ministro del ramo- para quien los inmigrantes son responsables de un crecimiento económico de “baja calidad”. En fin.
Saben aquel del que se acerca a un megastore de informática a comprar un portátil (Wi-Fi, Core 2 Duo, 160 Gb de disco duro, 15 pulgadas panorámico y todo eso) y, tras darse un paseo por los repletos lineales del establecimiento y comparar concienzudamente precios y prestaciones, llama al dependiente para rematar la faena y éste le dice: “Yo que usted no lo compraría aquí. Hay un centro nuevo de la competencia por los alrededores y me han dicho que tienen unas ofertas imbatibles”. Estupefacción. Tras decirle que la compra corre prisa y que lo único que quiere es que le ayude a elegir entre dos modelos (A y B), aunque le convence más el A, el vendedor se explaya un cuarto de hora contándole a nuestro pobre comprador las bondades del B. Las razones parecen de peso y finalmente el confundido comprador le dice al locuaz vendedor que sí, que se lleva el B a pesar de que el A le ha tocado la fibra sensible. Pero no queda ahí la cosa. Al cabo de los minutos, el vendedor vuelve y le cuenta a su cliente que se le han acabado los B (”es tan bueno que no nos queda ninguno”, remacha). Un poco harto, con ganas de salir de la tienda, respirar aire fresco y tomar un pelotazo para olvidar, el comprador opta por quedarse con el portátil A. Curiosamente, se lo toma como algo personal y siente una mezcla de alivio y satisfacción. Ya empezaba a pensar que el cliente nunca tiene razón y que su opinión y sus gustos no valen nada en este mundo de locos. Ya con el portátil bajo el brazo, y cuando parecía que la pesadilla había acabado, el vendedor vuelve a la carga e intenta encasquetarle un servicio de soporte de 200 euros (”ya sabe, estos equipos pueden cascar en cualquier momento y nosotros le garantizamos una reposición inmediata o soporte in situ…”). El comprador no puede evitar una sonrisa pensando que si arreglan como venden lo llevan claro.
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